martes, 20 de noviembre de 2012

Fading in time

Crujió la puerta, y con aquel sonido desagradable quedé advertida de que los dueños del hogar habían puesto pie en su morada. Era yo quien sobraba, y no tenía mucho tiempo.

¡Tiempo! ¡Dichosa palabra! Compleja como ella sola, y su significado era imposible de explicar en su debida totalidad. El tiempo me había llevado a aquel lugar en el que no pertenecía, en una época en la que yo no debería estar. ¡Ah, pero se me olvidaba! ¡Tengo que hacerlo, o si no...!

O si no... 

La pareja subía al dormitorio, cualquiera podía intuir alguna que otra intención. Maldecí. Lo peor de los viajes eran esas odiosas reglas. Sé que hay que cumplirlas pero complicaban mucho mis misiones, tanto allí como en cualquier lugar. Las reglas para no alterar el curso normal del tiempo te las puedes imaginar: no puedes ser vista y cualquier paso en falso es posible de cambiar cualquier cosa de tu realidad. Lo que dices y lo que haces debe medirse. Como lo dices y como lo haces, hay que tenerlo en cuenta también. Y hay que tener siempre buenas excusas en la manga, convincentes, una para cada situación.

Todo estaba en que tenía que huir de allí. Hasta eso, todo muy fácil, demasiado para una misión de Don Mandón Boyle. La dificultad se encontraba en poder echarles una maldita foto para el registro antes de irme, ya que en aquel marco de tiempo no existían las fotos, ni muchísimo menos las cámaras, y un retrato no le valía a el señorito, por supuestísimo. Para nada servía que me quejara, si total, Boyle seguiría tratándome como una estúpida niñata que no tenía ni un poco de idea de lo que hacía, a pesar de estar prepara...¡que digo! Dioses, nací para esto. 

Modestia aparte, necesitaba que estuvieran quietos y que estuvieran cerca de la ventana del dormitorio, y así escondida en el armario echar la foto sin flash. De lo contrario, no recibirían con mucha alegría la presencia de una adolescente con una camisa de cuadros, unos vaqueros y unas alpargatas, las típicas Converse, que se dedicara a deslumbrarlos con luces de aspecto confuso y visiblemente sospechoso. O igual se reían y al final acababan posando, ¡quién sabe! Pero tampoco era algo que pudiera comprobar: las reglas. Vigésimo séptima regla en el apartado de objetos: no pueden ver, ni muchísimo menos tocar o vislumbrar ningún aparato del futuro. Como consecuencias previstas estaban el descubrimiento anticipado, que conllevaba al posible avance de la población en la época equivocada y podía desembocar en un cambio total de la Historia tal y como la conocemos.

¡Lo sé! Me enrollo más que una persiana. Pero esa es otra de las características de la gente como yo, el carisma. Y yo de eso desbordo. Vale...reconozco que me estoy poniendo muy por las nubes, y lo más seguro es que cuando me llegues a conocer un poco acabes siendo defraudado/a. No soy tan genial, y aunque no sea la mejor viajera que ha conocido este mundo, al menos lo soy de mi generación. En mis misiones soy seria y trabajadora, aunque la verdad, últimamente hago cada recado que ni me lo puedo tomar en serio, ¡con lo que yo fuí! 

Todo esto te lo cuento tres meses antes... después de lo que ocurrió, jamás volvería a afirmar que mis misiones anteriores eran importantes, ¡já! Comparado con aquello, lo anterior solo fue una triste preparación que no sirvió para nada. Estar alerta... ¿para qué? Luego nadie pudo reconocer los indicios de lo que era algo muy poco normal... bueno, y cuando digo nadie me refiero al novato...

Sé que quieres que te lo cuente, no te hagas más de rogar. Me dispongo a contarte mi gran aventura.

Dylis.




Fading in time.

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