miércoles, 21 de noviembre de 2012



Lloró, lloró a mares de rodillas entre las hojas marrones, lloró como si le hubieran arrancado el propio alma, a ella misma. Lloró, pensando en que los había perdido. Se preguntó mil veces dos solas palabras: ¿Por qué?

Perdida, desaparecida, arrepentida, sola, triste, queriendo escapar. ¿A dónde ir, dónde encontrar el límite de aquel bosque, lleno de árboles, lleno de obstáculos, que habían hecho todo imposible?

Se acordó de la nana que le cantaban. Decía que todo estaba bien, ella era inocente, la luz volvería, y no era demasiado tarde para volver atrás. Se enfadó consigo misma, con lo que sentía: ¡Esperanza! ¡Ese sentimiento solo había logrado defraudarla, derrocarla y hundirla! Creer era de necios, creer era para aventureros y ella era una novata, no se merecía seguir con vida, si aquello se podía llamar vivir. Por desgracia, así era. Ella vivía, ellos estaban muertos. Y no al revés.

¿Habría de verdad algún motivo para que ella siguiera respirando? Rió con sarcasmo, en medio de un sollozo, como una verdadera enferma mental. Seguro que sería lo típico de películas y libros, ¡tenía una misión y por ello debía seguir! Volvió a reír, pensando en lo ridículo de la idea. Era la cosa más estúpida que había pasado por su  mente. ¿Quién la querría viva, si aún así era inútil, inexperta y sin fuerzas?

Porque, de no haber estado destrozada, podía haberlo intentado y buscar otro camino al que seguir. Pero no así. No podía comer, beber ni dormir si no sentía la calidez de la que había sido su familia. No podía, si no oía aquellas bromas terriblemente idiotas por Zoe, las historias de miedo de Cloud, las constantes quejas de hambre por Will y las risas joviales, más bien infantiles, de Ciàrelle. No podía vivir si ellos no vivían. Ella debía haber muerto, ya que todos ellos hubieran podido aprovechar mejor su vida de lo que ella iba a hacer. Ni siquiera tendría la valentía de suicidarse, así que sería un alma en pena que solo saldría de casa para.............no saldría de casa.

Y todavía tenía que encontrar el final del bosque. Ni siquiera podía enterrar a sus amigos en un lugar decente. A Cia no le hubiera gustado saber que descansaría para siempre entre ramas, un escenario tan triste y solitario como el propio cementerio. Cia probablemente aún no hubiera pensado en como querría que tratasen su cuerpo después de su muerte: al fin y al cabo, tenía solo quince años. No había podido disfrutar lo que debía.

A Will... Will amaba la vida, y ella lo sabía. Siempre había sido un positivista a muerte, había defendido la alegría por todo, nunca lo pasaba bien cuando nadie lloraba. Si ahora la viera...

Cloud, el cobarde, aquel del que todos habían desconfiado, había muerto también. Para protegerles. De hecho, había sido el primero. 

Y Zoe... sarcástica, ella no se tomaba su vida en serio. Sin duda alguna, no debía de tener preocupaciones. Era fuerte, de hielo. A ella no le podían herir. Había muerto, pero sin sufrir.

Entonces... Cass


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